Mayra Eduardo ha tenido la misma pesadilla: Hay una mujer con cáncer metastático terminal en la cuarta etapa. Los médicos le indican que es demasiado tarde. Se ha esparcido por todos lados y no hay nada que hacer.

Tal cual le ocurrió a ella. “Tengo una pesadilla en la cual el doctor me desanima y dice que solo tengo dos o tres meses para vivir,” dice Eduardo. “Y es porque creen que no la pueden ayudar, que terminan por regresarla a casa.”

Por otra parte su sueño es enviar un mensaje de esperanza y tenacidad para otras mujeres que experimentan una enfermedad terminal.

“Busquen una segunda o tercera opinión,” dijo. “No se rindan. Siento que hay muchas en mi situación. Si yo hubiera carecido de esa determinación de consultar a otro doctor, no estaría aquí ahora.”

Sola

Mientras vivía en la Florida en 2013, Mayra comenzó a sentir síntomas como los de la gripe.

“Sentía dolores en todo el cuerpo, tenía fiebre y me dolía el pecho,” comentó Mayra ahora de 44 años de edad. “Tosía y sentía que tenía gripe.”

Al siguiente lunes le hicieron una mamografía. Al percatarse de ser tratada en forma diferente que otras mujeres se preocupó. “En la Florida, todas reciben una flor luego de haberse sometido a la mamografía y todo parece estar bien,” dijo Mayra. “En lugar de recibir una flor, la tecnóloga me recluyó en una habitación. Al momento entendí que algo no andaba mal.”

Después, cuando se disponía a tomar un baño en casa, se realizó el autoexamen de los senos.

“Lo sentí con mis propias manos,” dijo sobre lo que de inmediato habría de revelarse como un tumor del tamaño de un limón en su seno derecho.

El viernes siguiente recibió el diagnostico oficial.

“Fue aterrante, pero más aún era el tamaño,” dijo. “Lo que no sabía al momento era que ya se había propagado a los ganglios linfáticos, a los pulmones, y a los huesos.”

Luego de recibir la noticia, preparó su equipaje y se mudó a Grand Rapids, Michigan, para estar cerca de la familia.

Diagnostico mortal

El agresivo cáncer metastático se alimentó de sus hormonas para crecer y esparcirse, como una criatura salvaje en la obra teatral La tiendita de los horrores.

Pero esto no era teatro. Al contrario, era una tragedia anunciada de la vida real.

Una tomografía de emisión de positrones  (TEP) iluminó al antagonista en sus ganglios linfáticos, pulmones, huesos en el pecho, y después, en su fémur.

“No quería pensar al respecto porque me iba a hacer llorar,” dijo. “El primer oncólogo que consulté, me dijo que estaba en una etapa en la cual no tenía sentido tratarme con quimioterapia. ¿Por qué desperdiciar mi tiempo si no iba a sobrevivir?”

El médico comparaba el cáncer de su paciente a la tira cómica X-Men.

“Me dijo que en X-Men existían estos mutantes,” dijo. “Sus células mutan y aprenden diferentes trucos. Me dijo que así era mi cáncer. Me dijo que no importaba cuantas veces lo erradicara, siempre volvería.”

En el momento en que le dicen que los últimos granos de arena concluyen en el reloj de la vida—que el personaje antagónico emergería victorioso y con espada en mano al final de su vida—algo le cambió en lo más profundo de su ser.

Casi en forma instantánea.

En verdad ella no sabe cómo explicarlo.

Pero sintió que reverberaba en su alma.

“Cuando [el médico] me dijo eso, en vez de lamentarme, algo muy dentro de mí me sacudió,” recordó. “Lo único que me vino a la mente fue la historia de David y Goliat. Algo me dio la fortaleza para decirle que no conocía mucho sobre la tira cómica X-Men, pero que conocía la historia de David y Goliat.

“Le dije: <<quiero ser David. >> Y salí de ahí.”

Contra el gigante

El próximo consultorio que visitó fue el de la doctora Marianne Melnik, cirujana oncóloga en el Programa para la atención de los senos de Spectrum Health Medical Group ubicado Spectrum Health Cancer Center.

“Le dije a la doctora Melnik que había visto a una persona en la televisión,” recordó Mayra. “él tenía cáncer en el 98 por ciento de su cuerpo y lo vi por televisión haciendo el primer lanzamiento ceremonial en un juego de béisbol. ¡Se curó! Le dije <<Por favor no me saquen del juego>>. Deseo tener las mismas oportunidades de luchar por mi vida.”

Entonces la campana por esta lucha sonó.

Una paciente decidida pero temerosa y una doctora hábil y segura contra una devastadora enfermedad que ya se había esparcido por los huesos de sus piernas.

“El primer día ya habría diseñado un agresivo tratamiento para intentar salvar mi vida,” dijo Mayra. Luego de la tercera sesión de quimioterapia, el tumor (en el seno) comenzó  a encogerse.

Se sometió a la mastectomía de su seno derecho en enero de 2014, seguida de 30 días de radiación, todos los días.

Pero días después durante ese mismo mes, otro tumor apareció en su pared torácica.

“La doctora Melnik dijo, <<esto es tratable, lo podemos hacer>> comentó Mayra. “Volví a quirófano. Cuando lo extirpó, se percató de que era demasiado grande, gracias a Dios no lo suficiente para desviar el curso de mi tratamiento.”

En julio, tuvo su segunda mastectomía, seguida de quimioterapia dirigida.

Creer en milagros

“El cáncer empezó a desaparecer con la primera sesión de quimioterapia,” dijo Eduardo. La terapia dirigida ataca donde el tumor esta. Y continúa atacando esa área.”

Para octubre de 2015, el cáncer en sus ganglios linfáticos, pulmones y esternón habría desaparecido.

“Me cure,” dijo. “Ha sido una larga jornada, pero creo que era mi destino vivir esta experiencia porque el Señor sabía que podría vencerla.”

Esta experiencia le ha dado a Mayra más propósito en su vida.

“Despierto feliz,” dijo. “Aprecio cada segundo de la vida, cada minuto, cada hora, me siento honrada y agradecida.”

Mayra Eduardo dice sentir que la experiencia entera fue dirigida por Dios, desde su diagnóstico hasta su mentalidad Davidiana que revirtió los tumores gigantes.

“Estuve en comunión con Dios y creo que el Señor facultó a los doctores para realizar el milagro,” dijo. “Honestamente, no sé de qué otra manera explicarlo. Creo que Dios puso a los extraños adecuados en mi camino, como a la doctora Melnik y a todo su equipo.”

Su equipo de atención está complacido de que Mayra Eduardo esté bien.

“Gracias a que fue persistente y se rehusó a creer que su cáncer de seno era una sentencia de muerte, nos buscó a mí y a mi equipo,” dijo la doctora Melnik. “Tenía cáncer de seno metastático  y cáncer de mama primario en su seno derecho. Con terapia dirigida, ella respondió satisfactoriamente.”

Eduardo dijo estar viva gracias a la doctora Melnik.

“Ella trata a todos sus pacientes de manera profunda y hace lo posible por ayudar a cada uno de ellos,” dijo Mayra. “No tengo palabras para describir lo agradecida que estoy con ella por luchar junto conmigo.”

“No es nada más mi victoria—esta es también su victoria y la del equipo entero,” dijo. “No solo fue un golpe de suerte. También fue el trabajo arduo de mucha gente.”

Mayra, a quien le gusta cocinar, arrancó una página de su recetario—una receta comprobada para quienes encaran desafíos médicos o dificultades en la vida.

“Mantenerse positivo todos los días, reírse, bailar, rodearse con gente que piensa positivamente, eliminar todo el pesimismo,” dijo Mayra. “Rodéese con quienes le hacen sentir feliz cada día. Es verdaderamente importante.”